jueves, 17 de noviembre de 2011

- Me dejé vivir. Así, sin más. Dejé que la vida pasase mientras yo tachaba números. No perdí oportunidades, es que ni siquiera las busqué. No supe aprovechar todo lo que esta nueva situación me ofrecía, me limité a encerrarme en la rutina. No quise perderme por las calles como tantas otras veces había hecho, no quise encontrar “mis rincones”. No intenté entender otro ritmo de vida, vine convencida de que era mejor el mío. No estuve dispuesta a luchar de nuevo, a esforzarme para que esto fuera algo más, fuera toda una experiencia. No tuve fuerzas para dar de mí, para hacer de este sitio mi lugar. Quizás no quise encontrar argumentos que hiciesen difícil el marcharme de aquí.

- Eso es de cobardes.

- O de valientes cansados de nadar a contracorriente.

3 comentarios:

  1. el mundo ya no entiende de valientes..

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  2. Cada vez quedan menos valientes en este mundo, así está el mundo. Un abrazo y siento la ausencia de tantos meses. Me sigue encantando como escribes

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  3. es complicado.. pero nunca debemos actuar como si pasásemos por la vida de puntillas.

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