lunes, 9 de enero de 2017

Los juguetes que recuerdo

Carrito de la verdura: el carrito para guardar la fruta y la verdura se convirtió en el mejor coche que existía. Podía llevar cómodamente a todos mis peluches a cualquier lugar de la casa. Mi madre aún nos echa en cara a mi hermano y a mí que ese año no hiciéramos ni puñetero caso a los regalos que trajeron los Reyes Magos por jugar con el carrito de la verdura.

Hucha del Jorobado de Notre Dame: cuando yo tenía 8 años una señora (que sigo sin saber quién es) le regaló a mi bisabuela una hucha del Jorobado de Notre Dame. Yo no entendía por qué ese regalo no era para mí. Creo que mi bisabuela pensó que a su edad para qué le regalaban esa mierda. Nada más se marchó la señora de casa, mi bisabuela me dijo que me llevara la hucha donde quisiera. Pasó a ser el producto estrella de "mi tienda". Todos los clientes la pedían y por supuesto querían que se la envolviese en papel de periódico una y otra vez.

Papel de periódico: siempre me inventaba juegos en los que tenía que envolver cosas con papel de periódico. ¿Por qué? Pues que me gustaba envolver cosas yo que sé.

Caja registradora: este regalo se lo trajo Papa Noel a mi prima pequeña. Yo por esa época tenía 18 añazos. Mi primilla ni acabó de desenvolver el regalo; pero para mi primo mayor y para mí se convirtió en una hora de compras. Daba igual lo que llevara en la cesta, el "señor cajero" siempre me cobraba vibradores, bolas chicas, condones, películas porno... Mi primilla tardó unos años en entender por qué era tan gracioso el juego.

Pelota de rayas: durante años entrené a gimnasia rítmica con una pelota de rayas de colores. En sus ratos locos se convertía en la pelota fusil. Murió rajada por la mitad porque se cargó un cristal de la ventana.

Osita: si tengo que elegir un regalo por excelencia es mi Osita. En mi vida he tenido tanto cariño a un peluche. Siempre iba conmigo, hasta dormíamos juntas. Eso sí, siempre dormía tapándome el cuello por si venían los vampiros a media noche. Qué valiente era (la Osita digo)


Siempre he tenido muchos juguetes, pero estos son los que recuerdo con más cariño. Recuerdo perfectamente todos los ratos felices que mi imaginación y estos juguetes me han regalado. Por eso, al echar la vista atrás y recordar todos esos momentos me pregunto: ¿Por qué dejé de jugar? 


Colaboración en #relatosJuguetes  una iniciativa de @divagacionistas

lunes, 12 de diciembre de 2016

Demasiados olores

Discutí con el otoño. Le dije que le odiaba. No le eché en cara lo que me no me dio sino todo lo que me había quitado. No entendí cómo se atrevió a hacerlo. Muchos de mis mejores momentos ocurrían en otoño. Le miré a la cara y le escupí toda la rabia que me quemaba. Lloví toda mi impotencia al ver cómo me dejaba sin abrigo. Me robó noviembre sin apenas darme cuenta. Aún así le habría perdonado un invierno de frío. Discutí con el otoño y le dije que no quería volver a verle. Pero su olor seguía ahí. Y con él, volvían todos los recuerdos. Las castañas asadas a fuego lento. Apreciabas nuestros intentos por asarlas en casa pero echabas de menos tus chascarrillos con el castañero mientras te calentabas las manos cada vez que atendía a algún cliente. Las setas sin embargo no te gustaban. Daba igual cómo estuvieran cocinadas, su olor no te agradaba, sólo te divertía ir a cogerlas. A mí me encantaba acompañarte. Pasar toda la mañana cogiendo nícalos porque eran los únicos que diferenciaba. A veces te miraba y te encontraba con los ojos cerrados respirando fuerte. Te encantaba esa mezcla de olores. O quizás parabas de vez en cuando porque al final te costaba coger el aire. Pero sin lugar a dudas tu olor favorito era el de la mandarina. Te entretenías contando las pepitas que te salían en cada una que te comías y siempre doblabas la cáscara para que el olor fuera más fuerte.
Nos dejaste en noviembre; y en otoño hay demasiados olores.



Colaboración en #relatosOlores una iniciativa de @divagacionistas

lunes, 14 de noviembre de 2016

Esperaré a que estés preparado

Te miro. Sigues ahí, en el mismo lugar en el que te dejé. Me pregunto por qué no te has ido, qué es lo que pasa contigo. No sé si eres tú o es mi cabeza la que no para de dar vueltas. Quizás soy yo la que debería irse, escuchar a los que dicen que no eres bueno para mí y alejarme de aquí. Quizás si te olvidara y dejara de esperarte, el tiempo pasaría más deprisa. Lo dudo. Sigues dando vueltas y yo no puedo dejar de mirarte. Te juro que lo he intentado, que he pensado en otras opciones antes que en ti. Pero me gusta cómo hueles y el sabor que dejas en mi boca. Me gustas. Quiero pasar las tardes de domingo a tu lado, acurrucarme contigo en el sofá mientras vemos una peli de ésas antiguas que te encantan o cualquier serie nueva que me hayan recomendado en el trabajo. Te miro pero no dices nada. Me has pedido tiempo y te lo estoy dando, pero si tardas mucho quizás no haya forma de arreglarlo. Eres tú el que no para de dar vueltas y me mareas. Pero aquí sigo esperándote mientras me pregunto si alguna vez estarás preparado.

Cling!


- Cariño, te he dicho miles de veces que no te acerques tanto al microondas cuando haces palomitas que no es bueno.

Despierta

Despiértate, venga abre los ojos. Despiértate por favor. Dime algo, lo que sea. Joder di algo. ¿Has movido los ojos? Sí, sí los has movido, vuelve a moverlos. Venga vuelve a moverlos. Eres gilipollas, en serio eres un gilipollas. Voy a irme, te juro que voy a irme de este puto hospital y entonces vendrás diciendo que todo ha sido una broma, una broma pesada de las tuyas. No tiene gracia ¿me oyes? No tiene ninguna gracia. Y ese pitido, dios cómo odio ese pitido, pero es lo único que me dice que sigues vivo. Un pitido, un mísero pitido, tu voz se ha reducido a una mierda de pitido. Esto no se le hace a una amiga. Tenías que coger el coche, tenías que montarte en ese puto coche. Y qué, ahora qué, ahora no coges ni mi mano y aquí estoy yo como una auténtica idiota imaginándome que mueves los ojos. Me niego a que te quedes así, tú no eres así. Ya no te ríes, no puedes rendirte. Venga ríete, haz un esfuerzo. Te estoy tocando la oreja, te estoy tocando las dos orejas. Mándame a la mierda, venga mírame mal como hacías siempre que te tocaba la oreja. Despierta, despierta por favor y haz que yo despierte de esta pesadilla.

lunes, 17 de octubre de 2016

Miedo

Siempre he tenido miedo a morir. No a la forma de morir sino al hecho de que todo siga aunque yo ya no esté presente. Nunca se lo he dicho a nadie, pero mi abuelo lo sabía. No sé cómo, pero lo sabía. Y estoy segura de que también podía ver el miedo que me daba saber que un día él se iría. A mi abuelo no le asustaba que llegase ese momento, sólo pedía que cuando él no estuviese cuidásemos todos de la abuela. Por eso antes de marcharse, me dio la lección más importante de mi vida.


No tengas miedo a vivir. Lucha por lo que quieres, corre riesgos. Esfuérzate por hacerlo y ser mejor. Cae una y mil veces, levántate mil y una. Quiere a una persona, haz todas las estupideces que se te ocurran por ella. Haz lo que quieras hacer en cada momento. Pasa vergüenza, haz el ridículo. Equivócate por haberlo intentado, no te quedes con la duda de qué habría pasado. Ríe, llora, muérete de risa y también de pena... No tengas miedo a vivir. Pero eso sí, no todo vale chiquita. Vive de tal forma que cuando llegue el momento y eches la vista atrás, puedas morir tranquila.

lunes, 31 de marzo de 2014

Es en la noche cuando la nostalgia gana la partida y no consigo esconder todo lo que te echo de menos. Y no, no pienso pedirte que vuelvas. Porque sé que no seré feliz a tu lado, porque no puedes aportarme todo lo que necesito, porque no me convienes, porque en realidad me hace daño estar contigo. Vamos, que no pienso pedirte que vuelvas porque no. Lo tengo claro, ahora sólo falta que este jodío corazón se convenza.

domingo, 9 de febrero de 2014