lunes, 19 de junio de 2017

13 años

Fui con la intención de llevarme algo. Coger algún objeto que fuese representativo y me cupiese en el bolsillo. Algo que cada vez que lo viese me recordase todos los momentos vividos. Fueron 13 años comiéndome el mundo cada vez que entraba por esa puerta.

Diez años después, entré de nuevo. El poli estaba vacío. Me quedé quieta. Años de recuerdos llenaron mis ojos de lágrimas. Las clases de Educación Física, los entrenamientos de voley, la colchoneta donde sorprendentemente ninguno nos rompimos la cabeza, las amistades que creíamos eternas, el trozo de suelo donde el chico más guapo de clase escribió que yo a él también le gustaba, la línea que marcaba la meta cuando gané a todos los repetidores que aseguraban que yo correría lento porque era una chica...

Mentiría si dijese que lo que soy ahora es gracias a esa época. Lo que soy ahora es gracias a las ostias que me ha ido dando la vida desde que salí de aquel lugar. Porque allí me sentía segura, porque aquel lugar era mi segunda casa.

Un colegio no cabe en un bolsillo, pero sí miles de recuerdos que pienso contar a mis nietos.



Hasta siempre cole



Colaboración con la iniciativa #realtosBolsillos de @divagacionsitas

domingo, 14 de mayo de 2017

Tú al norte y yo al sur

Dame razones para hacerlo. Ven, y dime a la cara que merece la pena intentarlo. Dame abrazos que me abriguen del frío norteño. Sube a buscarme, que yo te estaré esperando. Dame un buen motivo para ir al sur. ¿Me estarás esperando? Dame argumentos que callen a todos aquellos que piensan que la distancia lo estropeará todo. Que callen las dudas que a veces tengo, lo que digan los demás es lo de menos. Dame besos, muchos besos cada vez que tenga que irme. Tantos que duren hasta la próxima vez que nos veamos. Dame sueños que compensen siete horas de viaje. Sueños que duren para siempre. Dame fuerza en los momentos de llanto. A veces pasan muchos días hasta que nos vemos. Dame noches de pasión para cuando vengan los celos. Dame mil y una excusas para seguir abrazados. Son muchos kilómetros de obstáculos. Dame sonrisas para seguir encontrándonos cada puente. Qué más da sur o norte si estoy a tu lado. Dame, si es que encuentras, una razón para no hacerlo.


Colaboración en #relatosDistancia una iniciativa de @divagacionistas

lunes, 20 de marzo de 2017

Posdata

Lo siento cariño pero me he acostado con otro. No, no es una broma. Te dejo esta carta antes de irme porque soy tan cobarde que no me atrevo a decírtelo a la cara. Sí, también soy una puta pero no pude resistirme a un joven, mucho más guapo que tú, pero gilipollas al fin y al cabo. Soy consciente de que he roto todo aquello que fuimos construyendo juntos poco a poco. Que he sido tan imbécil que lo he echado todo a perder. No espero que me perdones, te mereces a alguien mejor que yo. Seguro que lo encuentras, no será difícil dar con alguna que no sea tan zorra. Entendería que no me quisieses ver más en tu vida y que vayas contando por ahí que fui una auténtica cabrona. Quédate con el piso y el coche, no me los merezco. Me imagino la decepción y rabia que sentirás por dentro y que sólo me desearás lo peor. Lo siento.


P.D.: tranquilo cariño, no te he puesto los cuernos pero quería que sintieses el dolor que sentí yo cuando me enteré de que tú sí lo habías hecho. No te molestes en llamar a la puerta, todas tus cosas están en esta maleta. ¡Ah, por cierto! Tu camiseta firmada del Real Madrid se la he regalado a mi monitor del gimnasio, no veas cómo le sienta.


Colaboración con #relatosDecepcion una iniciativa de @divagacionistas

lunes, 20 de febrero de 2017

Lo siento cariño, llegaré tarde

Allí estaba yo, sentada en una mesa de una típica cafetería de Madrid. ¿Qué cómo coño es una típica cafetería de Madrid? Chico y yo qué sé, a mí qué me preguntas si soy de Soria. Pues no sé, una típica cafetería de Madrid. Allí estaba yo, removiendo un café frío, sentada en la última mesa y no por casualidad, desde esa mesa veía toda la cafetería. Veía al señor que mataba su vida y la de su gente con una copa, al señor que sólo necesitaba pedir una cerveza para leerse todos los periódicos y así no comprarlos, a la señora que limpiaba toda la mierda que se acumulaba en el suelo, y al Comisario Peñuelas. Empezaba a pensar que este señor no tenía vida o que la mía le parecía mucho más entretenida. Me seguía, a todas partes, me seguía desde la muerte de mi marido. Yo sabía que no podía cometer ningún error y él sabía que algún día lo cometería. Y de repente apareció ella. Una tía con un vestido rojo despampanante, tan despampanante que yo tengo uno igual. Hasta yo me quedé mirándola. Toda una femme fatale. Se sentó entre mi mesa y la del Comisario Peñuelas, Comisario Peñu para amigos y sospechosas de asesinato. Pidió Matusalem con hielo. Esta tía sabe. El Comisario Peñu también sabe, pero cometió un error al dejar caer sus papeles al suelo. Y ahí estábamos las dos, la femme fatale y una servidora, con foto y todo en nuestros respectivos informes. El Comisario Peñu sabe, pero no del todo, no sabe cuál de las dos mató a mi marido. Y si os digo la verdad yo tampoco tengo ni idea. No es por hacerme la inocente pero mi marido apareció muerto en una de sus fiestas,  esas fiestas que montaban él y sus amigos para ver quién la tenía más grande, la casa me refiero. No recuerdo nada de esa noche. Música, invitados, alcohol, sangre, alcohol, gritos, más alcohol, más sangre, vestido rojo, mi marido muerto en el suelo, alcohol, alcohol, sangre. El móvil suena, mensaje recibido: lo siento cariño, llegaré tarde. ¿Cómo puede ser? ¿Qué broma macabra es ésta? ¿A qué coño juega este tío? El mensaje ha sido enviado desde el móvil de mi marido. A la femme fatale también le ha sonado el bolso. Joder con el Comisario Peñu, parecía tonto pero acaba de dejar a dos mujeres totalmente descolocadas. Puedo ver una especie de sonrisa en su cara. Lo tiene claro. Ha cerrado la carpeta donde guardaba todos los documentos. Sabe quién es la asesina. Sabe quién le mató. Nos mira, primero a una y luego a otra. Nos tortura, juega con nosotras, en vez de venir a por una de las dos pide una cerveza. Qué desgraciado de tío. Espera, se levanta, se acerca, cada vez está más cerca, exactamente a una distancia equidistante de la mesa de la femme y de la mía. Ya está, el órdago está echado.

- Disculpe señorita pero tenemos que cambiar de tren, éste se ha averiado. Llegaremos con un poco de retraso pero en  el otro tren también hay cafetería para que el viaje se le haga más ameno.

- Uy lo siento, no me había dado cuenta de que estábamos parados y de que el resto de pasajeros ya se han marchado.

El tren se ha averiado. Lo siento cariño, llegaré tarde. 


Colaboración en #relatosTrenes una iniciativa de @divagacionistas

lunes, 23 de enero de 2017

El paso del tiempo

El paso del tiempo se nota cuando compras chupetes para regalar a tu amiga, ésa que es un año menor que tú. O cuando un jodido niño te llama señora por primera vez. La edad se sufre cuando en vez de salir de fiesta tres días a la semana, es la resaca la que dura ese tiempo. El paso del tiempo te lastima cuando te das cuenta de que ya son 10 años desde que se fue la abuela y 3 el abuelo. El tiempo te sorprende cuando compruebas que puedes seguir viviendo sin personas que considerabas imprescindibles en tu vida pero que, aunque hayan pasado meses, sigue doliendo. Los años te duelen cuando te paras a pensar en todos los sueños que tenías y los que en realidad se van cumpliendo. El paso del tiempo te golpea mientras sigas viviendo. 


Cuentan que Saramago paró todos los relojes de su casa a las cuatro, la hora en la que conoció a su mujer: "Eso no significa que el tiempo se haya quedado ahí, sino que es como si el reloj marcara la hora en la que el mundo empezó”. Pero a mí esta frase me lleva a pensar en todo lo contrario. En ese momento en el que nuestro reloj se pare, ese momento en el que nos demos cuenta de que lo realmente malo que tiene el paso del tiempo, es que un día dejará de hacerlo. 

Colaboración en #relatosTiempo una iniciativa de @divagacionistas

lunes, 9 de enero de 2017

Los juguetes que recuerdo

Carrito de la verdura: el carrito para guardar la fruta y la verdura se convirtió en el mejor coche que existía. Podía llevar cómodamente a todos mis peluches a cualquier lugar de la casa. Mi madre aún nos echa en cara a mi hermano y a mí que ese año no hiciéramos ni puñetero caso a los regalos que trajeron los Reyes Magos por jugar con el carrito de la verdura.

Hucha del Jorobado de Notre Dame: cuando yo tenía 8 años una señora (que sigo sin saber quién es) le regaló a mi bisabuela una hucha del Jorobado de Notre Dame. Yo no entendía por qué ese regalo no era para mí. Creo que mi bisabuela pensó que a su edad para qué le regalaban esa mierda. Nada más se marchó la señora de casa, mi bisabuela me dijo que me llevara la hucha donde quisiera. Pasó a ser el producto estrella de "mi tienda". Todos los clientes la pedían y por supuesto querían que se la envolviese en papel de periódico una y otra vez.

Papel de periódico: siempre me inventaba juegos en los que tenía que envolver cosas con papel de periódico. ¿Por qué? Pues que me gustaba envolver cosas yo que sé.

Caja registradora: este regalo se lo trajo Papa Noel a mi prima pequeña. Yo por esa época tenía 18 añazos. Mi primilla ni acabó de desenvolver el regalo; pero para mi primo mayor y para mí se convirtió en una hora de compras. Daba igual lo que llevara en la cesta, el "señor cajero" siempre me cobraba vibradores, bolas chicas, condones, películas porno... Mi primilla tardó unos años en entender por qué era tan gracioso el juego.

Pelota de rayas: durante años entrené a gimnasia rítmica con una pelota de rayas de colores. En sus ratos locos se convertía en la pelota fusil. Murió rajada por la mitad porque se cargó un cristal de la ventana.

Osita: si tengo que elegir un regalo por excelencia es mi Osita. En mi vida he tenido tanto cariño a un peluche. Siempre iba conmigo, hasta dormíamos juntas. Eso sí, siempre dormía tapándome el cuello por si venían los vampiros a media noche. Qué valiente era (la Osita digo)


Siempre he tenido muchos juguetes, pero estos son los que recuerdo con más cariño. Recuerdo perfectamente todos los ratos felices que mi imaginación y estos juguetes me han regalado. Por eso, al echar la vista atrás y recordar todos esos momentos me pregunto: ¿Por qué dejé de jugar? 


Colaboración en #relatosJuguetes  una iniciativa de @divagacionistas

lunes, 12 de diciembre de 2016

Demasiados olores

Discutí con el otoño. Le dije que le odiaba. No le eché en cara lo que me no me dio sino todo lo que me había quitado. No entendí cómo se atrevió a hacerlo. Muchos de mis mejores momentos ocurrían en otoño. Le miré a la cara y le escupí toda la rabia que me quemaba. Lloví toda mi impotencia al ver cómo me dejaba sin abrigo. Me robó noviembre sin apenas darme cuenta. Aún así le habría perdonado un invierno de frío. Discutí con el otoño y le dije que no quería volver a verle. Pero su olor seguía ahí. Y con él, volvían todos los recuerdos. Las castañas asadas a fuego lento. Apreciabas nuestros intentos por asarlas en casa pero echabas de menos tus chascarrillos con el castañero mientras te calentabas las manos cada vez que atendía a algún cliente. Las setas sin embargo no te gustaban. Daba igual cómo estuvieran cocinadas, su olor no te agradaba, sólo te divertía ir a cogerlas. A mí me encantaba acompañarte. Pasar toda la mañana cogiendo nícalos porque eran los únicos que diferenciaba. A veces te miraba y te encontraba con los ojos cerrados respirando fuerte. Te encantaba esa mezcla de olores. O quizás parabas de vez en cuando porque al final te costaba coger el aire. Pero sin lugar a dudas tu olor favorito era el de la mandarina. Te entretenías contando las pepitas que te salían en cada una que te comías y siempre doblabas la cáscara para que el olor fuera más fuerte.
Nos dejaste en noviembre; y en otoño hay demasiados olores.



Colaboración en #relatosOlores una iniciativa de @divagacionistas