jueves, 17 de noviembre de 2011

- Me dejé vivir. Así, sin más. Dejé que la vida pasase mientras yo tachaba números. No perdí oportunidades, es que ni siquiera las busqué. No supe aprovechar todo lo que esta nueva situación me ofrecía, me limité a encerrarme en la rutina. No quise perderme por las calles como tantas otras veces había hecho, no quise encontrar “mis rincones”. No intenté entender otro ritmo de vida, vine convencida de que era mejor el mío. No estuve dispuesta a luchar de nuevo, a esforzarme para que esto fuera algo más, fuera toda una experiencia. No tuve fuerzas para dar de mí, para hacer de este sitio mi lugar. Quizás no quise encontrar argumentos que hiciesen difícil el marcharme de aquí.

- Eso es de cobardes.

- O de valientes cansados de nadar a contracorriente.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Elena andaba rápido. Todo lo rápido sin llegar a tropezar que le permitían sus piernas. Elena escapaba y lo hacía de la única manera que sabía: sin mirar hacia atrás. Pensaba que si andaba rápido y sin saber hacia dónde, el destino no podría seguirle. Creía que si doblaba en mil pedazos las esquinas lo despistaría. Dejó atrás las miradas de desconocidos y los saludos de amigos. Pasó de largo de todo y de todos. No sabía a dónde iba, sólo sabía que necesitaba irse. Alejarse de lo que vendría. Elena escapaba sin saber que sus pasos escribían el destino.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Frágil. Como si pudiese romperme en pedazos sólo con el roce de tu cuerpo. Y así tener mil pedacitos de mí esparcidos por tu alfombra. Como si mi cuerpo se volviese cristal cada vez que te marchas. Como la promesa ésa de que te quedabas. Frágil. Como un cuerpo a la deriva.

viernes, 4 de noviembre de 2011

lunes, 31 de octubre de 2011

Nos estamos perdiendo

La luna, la llena y la menguante. El dormir abrazados a las estrellas e inventarnos constelaciones. Los mensajes de madrugada. Los te quieros en el espejo. Las tardes de domingo de sexo y preliminares. Los planes de futuro. El circo y los enanos. Los fines de semana en casas rurales. Los cristales del coche empañados. Las risas tras los “no me llores que ya eres mayor”. Las llamadas tras los “no vuelvas a llamarme”. Los enfados por tonterías y las reconciliaciones. El futuro juntos. El ir a Ikea los sábados por la tarde. Las ganas de vernos. El pasear de la mano. Las películas con final feliz sin saber cómo acaba la película. El saber que estamos ahí. Las ganas de desnudarnos. Los días de campo, las tardes de teatro y las noches de conciertos. El coger el coche y largarnos. El contar los días que quedan para vernos. Una vida juntos. Dime cuántos besos me he perdido desde que nos estamos dejando.

sábado, 29 de octubre de 2011

Me contaron que no dejaste de llover. Que el otoño no te bastó y nevaste en invierno. Que te volviste cristal cuando le empezaste a echar de menos. Me contaron que apenas te dejabas ver. Que apenas salías a la calle por si él volvía. Que seguías esperándole aunque él te dejo claro que no regresaría. Me contaron que casi mueres de dolor. Que el portazo llegó a cerrarte los ojos. Que los abriste sólo porque así sabrías si esa puerta se abría. Me contaron que se abrieron ventanas. Que tuviste oportunidades que no supiste ver. Que no te dejabas querer. Me contaron que no podías olvidar lo último que te dijo. Que te escupió un ya no te quiero, un nunca regresaré. Me contaron, y esto no te lo dije, que le volvieron a ver.

sábado, 22 de octubre de 2011

Carta de un abuelo a su futuro nieto

Sabes hijo, hubo un tiempo en que vivíamos en democracia pero no en libertad. En el que la gente vivía con miedo. Hubo un tiempo en que asesinatos, secuestros y treguas iban de la mano. Sí hijo sí, sé que cuesta creerlo pero es así. La gente era asesinada con explosivos o balas, era asesinada por cobardes. Hubo un tiempo en el que “el fin justifica los medios” valía para algunas personas. No te confundas hijo, todo el mundo tiene derecho a luchar por sus ideales y sueños pero no matando, no quitando/destrozando la vida a personas inocentes. NO DE ESA FORMA. Hubo un tiempo en que la libertad sólo podía gritarse en silencio, pero también un tiempo de manos blancas. Hijo, te escribo esto para que nunca olvides lo que hoy es historia.