viernes, 2 de julio de 2010



Por eso junio es mi mes preferido, concretamente finales de junio, creo que es de las semanas más completas del año. En siete días acabas con la tanda de exámenes de un curso, cumples un año más y disfrutas de las fiestas de San Juan.

Del examen poco que decir, un mes para estudiar una asignatura, más que aprobado, bueno eso creo.

De San Juan, tendría tantos buenos momentos que contar y tantas emociones que transmitir que creo que no soy capaz de hacerlo. Es curioso pero cada año me convenzo más de que hay que ser soriano(o llevar muchos años en Soria) para poder vivirlas de verdad, no me refiero a disfrutarlas y pasarlo bien, sino a sentirlas, a llorar de emoción en “el Pregón” y de pena en el “Adiós, adiós San Juan”. Y es que ya lo dijo la Jurada: “porque mientras quede un soriano habrá fiestas sanjuaneras”.

De mi cumpleaños… no suelo darle mucha importancia, como dice una amiga: somos más de días cualquiera. Pero la verdad es que esperaba más de ti, y de ti, y sí, también de ti, pero el año más vieja me ha enseñado que soy yo la que espera demasiado y que quizás importamos menos de lo que pensamos. Pero lo dicho, me quedo con lo bueno: las llamadas desde Londres y México, el vaso robado “del Chino” de todos los años, con la rosa del jardín, con la rosa Felisidades, con el regalo dos días después totalmente inesperado… con los buenos momentos que me regaláis cada día.

jueves, 1 de julio de 2010

Duele, la vida duele, y quien diga lo contrario no vive. Pero además de inevitable, el dolor es necesario. Sin embargo nos pasamos la vida intentando evitar hacernos y que nos hagan daño, cosa que es legítima por supuesto, cosa que deja de serlo cuando no nos damos cuenta de que en realidad estamos haciendo la herida más profunda. No somos capaces de tomar la decisión que nos causará daño a corto plazo pero que en el fondo sabemos que es la correcta. Nos aferramos a un clavo ardiendo, nos enganchamos a los granos de arena que nos dan sin tener en cuenta toda la cal recogida, somos capaces de autoconvencernos de que en realidad no duele tanto aunque los ojos hayan llorado demasiado.

No hay heridas que no cicatricen nunca, todo, absolutamente todo, acaba sanando. El tiempo es un gran anestésico: no acaba con el dolor pero te ayuda a calmarlo.

Nos aferramos a un clavo ardiendo, cosa que no tiene sentido, o sí. ¿Merece la pena ese clavo?

Por qué

Porque soy diferente, porque no me mido por los demás, sino por ti.
Porque tengo la cabeza dura como una piedra,
porque me gusta mi pasado,
porque el miedo a la soledad me aterra,
porque te veo y se me parte el alma,
porque me gusta el amor a contracorriente,
porque nadie dijo que sería fácil,
porque todos nos equivocamos y no todos sabemos perdonar,
porque la alegría de mi vida voló por mis malas artes,
porque a veces hacemos las cosas sin saber por qué.
Porque a veces, todo, no significa nada y poco, significa un mundo
Porque me gusta escuchar la llamada de mi corazón, aun a sabiendas de que quizá me hará más daño.
Porque siempre fui mas emocional que racional.
Porque te quiero y más no te puedo perder, porque sólo tengo que ganar…

Porque la confianza cuesta ganarla una vida, y perderla sólo un segundo.
Porque nos hemos defraudado.
Porque la distancia no ayuda, y los celos aprovechan,
porque la costumbre nos ha hecho relajarnos, porque los años hacen que te descuides, y te fíes.
Porque necesitamos una vida para querernos y una tarde para odiarnos,
porque el amor no deja ver lo que realmente hay detrás,
porque a veces esperamos algo de los demás que tan solo es la idea que hemos creado en nuestra cabeza.
Porque el dolor seguramente no nos deje volver a lo que fuimos.
Porque te odio, aun a sabiendas de que te quiero.

Porque a menudo, los grises mueren en virtud del blanco y el negro y a mí me gustaría vivir en la mitad


Adrián Miguel Mateo

miércoles, 23 de junio de 2010

Mi padre se recorre Valonsadero, da igual que el día de antes haya estado horas andando por él, no se cansa porque allí siempre encuentra algo nuevo, alguna historieta que contar… porque allí se encuentra a sí mismo.

El mismo que cuando vuelves de fiesta te mira a los ojos para ver las condiciones en las que llegas y el mismo que si te descuidas te dice hasta con qué has mezclado las coca-colas que entre risas le has dicho que te tomaste. El mismo que lo pasa mal cuando ve que cometo sus mismos errores sin saber que en realidad no me importa si así consigo ser como él.

Pero no anda solo, mi madre anda con él. No importa hacia dónde porque van juntos. Así llevan más de 25 años, siguiendo la misma dirección.

Mi madre, no una amiga, mi madre. La misma que no evita la caída sino que amortigua el golpe. La única capaz de calmarme me pase lo que me pase.

Familia de costumbres, siempre el mismo sitio para almorzar en Valonsadero cuando son fiestas. “Cuando dejemos de venir aquí mal asunto, será que estamos muy mal” se oye decir a mi madre. Y tú piensas que aún queda mucho tiempo para que ese día llegue pero que acabará llegando y el miedo recorre tu cuerpo y te paraliza. Pero te das cuenta de que si dejas que el miedo a perder lo que tienes te paralice, lo único que consigues es perderlo antes de tiempo.

Por eso les miras, y te ves en ellos.

martes, 22 de junio de 2010



Pequeños e inesperados detalles =)

lunes, 21 de junio de 2010

Hoy cumples 22 años, la verdad es que parece mentira, el tiempo pasa tan deprisa. Pero pronto me viene la resta a la cabeza y me da 19, diecinueve años de amistad que se dice pronto y ese número sí que marea. Diecinueve años con sus buenos, grandes y algún que otro mal momento, pero hay algo mucho más importante que eso: desde el primer día que entramos en la clase de 3 años seguimos sumando momentos.

Años llenos de viajes, primero con el Santo Domingo y ahora con La Cuadrilla de la Muerte. En el autobús siempre sentadas juntas, no importaba que hubiese sitios libres, siempre una al lado de la otra como buenas capi y subcapi. ¡Y con La Cuadrilla de la Muerte! Dios mío qué cantidad de anécdotas hay para contar: cuando casi morimos en San Sebastián, o en la Playa Pita, o el nacimiento de DJ Yagüe, o la manera cuanto menos curiosa de abrir las puertas del metro de Madrid…

La Dioce, ¡Ay la Dioce cuántas veces nos habrá visto encontrarnos y cuántas idas y venidas del colegio e instituto! Y aunque la universidad ha marcado recorridos distintos, no ha cambiado nada, da igual que pase una semana o un mes, es volver a Soria y todo sigue igual, bueno excepto el tomate de las bravas de El Capote.

Son muchos momentos vividos, 19 años dan para mucho: gente que se ha quedado en el camino, otra que se ha ido incorporando dando lugar incluso a historias de amor y otra que sigue desde el principio. Feliz cumpleaños luces.

viernes, 18 de junio de 2010

QUITO:

- La distancia que nos separa.

- Las mentiras y las verdades a medias que no son sino lo mismo.

- El dolor convertido en rutina.

- Las noches en las que la cama enfría demasiado.

- La venda que no te deja ver que siempre hay una luz a lo lejos.

- Las madres ante la tumba de sus hijos.

- El burka y a quien se cree con derecho a prohibirlo.

- La resaca de los domingos (y la de los miércoles, viernes y sábados)

- La dejadez de quien es joven pero se sabe viejo.

- Las muertes, todas, es una vida menos y siempre alguien que la llora.

- La ignorancia hecha osadía.

- Las ganas que tengo de verte y a la vez de olvidarte.

- Los exámenes en blanco.

- Las sonrisas falsas, sonreír a alguien y que no sea verdad…uff.

- Los martes porque si quitase los lunes el fin de semana no sería lo mismo.

- La sangre derramada, no hay causa que la justifique ni conciencia que la limpie.

- La impotencia.

- El dinero a los ricos para dárselo a quien de verdad sufre la crisis.

- El amor no correspondido.

- A quien cree que es suya o de nadie.

- A quien es de España sólo cuando gana.

- A quien se cree con derecho a perdonar mis pecados mientras él los comete con niños.


Quito el que, en realidad, todo lo anterior no pueda quitarse.