viernes, 7 de mayo de 2010

SE BUSCA COMPAÑERA DE PISO



Una compañera que me conozca tanto que sepa que hoy le escribiría un texto y a la que conozca tanto que sepa que ha estado metiéndose cada cinco minutos en mi blog.

Una compañera que comience nuestra historia en La Luna, como un flechazo entre resacas, sopas castellanas, suegros y primeros instantes juntas.

Una compañera con la que compartir reflexiones en La Alamedilla, por qués en el Bécquer, tardes de resaca, noches de concierto, descansos en exámenes… Que sea capaz de ir conmigo a cualquier lado; a cualquiera; a Zamora mismo a las diez de la noche; aunque no tenga sentido, aunque sea peligroso; que vaya sólo por el hecho de ir conmigo, de ir las dos a comernos el mundo.

Una compañera de piso que sea un salvavidas. Que esté ahí, siempre, andando a mi lado, amortiguando los golpes, evitando las caídas. Un apoyo sin el que no pudiera haber salido a flote de las aguas (dis)turbias que me ahogaban. Que la necesite, que me haga falta, que me pierda si sé que cuando llegue a casa ella aún no ha venido y no puedo contarle cómo me ha ido el día. Una compañera sin la que Salamanca no tenga sentido.

Una compañera que sea “la pajos”. Que lleguemos a tener tal complicidad que nos demos miedo porque siempre pensemos lo mismo. Que se venga a “mi país”, que sea cómplice de mis locuras, que comparta a los cantautores cachondos conmigo, que provoque mis carcajadas…

Una compañera de piso que sea el orgullo de sus padres. No, que sea algo más que eso. Que sea capaz de compensar “al” Cipri y a “la” Encarna de las ostias que a veces da la vida, porque todo lo bueno de los que desgraciadamente se quedaron por el camino está presente en ella.

Se busca compañera de piso… y se encuentra compañera para toda la vida. Feliz cumpleaños María.



Oye editora que he escrito un texto nuevo, ya me dirás qué te parece y si hay que cambiar algo, no te preocupes tienes tiempo, mucho tiempo.

miércoles, 5 de mayo de 2010

He cambiado aquel punto y seguido por puntos suspensivos, intentando que recojan nuestra lista de defectos, problemas y rutinas. Unos puntos suspensivos que reflejen que hay muchos, demasiados, pero que preferimos no nombrarlos para ver si así conseguimos obviarlos. Creo que en una lista de reproches quedaríamos empatados, los dos lo sabemos, por eso no la comenzamos. Pero los puntos suspensivos suelen ir seguidos de una mayúscula que marca el inicio de una nueva oportunidad. Una oportunidad para intentar que esto no acabe, o por lo menos que no acabe de esta manera. Pero vuelven los puntos suspensivos y creo que, tú ganas la lista de reproches pues siempre acabas con puntos suspensivos, y yo ya no sé a qué regla de puntuación aferrarme y acabo cayendo en mis interrogaciones que son nuestras dudas intentando que me des exclamaciones que las resuelvan.

He cambiado aquel punto y seguido por un punto y a parte. Quizás hubiera sido mejor una cuenta nueva pero es que no me gusta emborronar el papel. Siempre vuelves, o vuelvo, no lo sé. El caso es que sin saber cómo, ambos volvemos a ese bucle de nuestras ganas de cambiar los puntos suspensivos por lecciones aprendidas y de nuestros defectos camuflados en buenas intenciones. No conseguimos que esta historia cobre ni cuerpo ni sentido y es que ni a ti se te dan bien las reglas de puntuación ni a mí me gusta acabar las historias con un punto. Creo que por esta vez haré una excepción lingüística.

He cambiado aquel punto y seguido por un punto y final.

lunes, 3 de mayo de 2010

domingo, 2 de mayo de 2010

Otro día más la rutina del metro. Prisas, jaleo, ese señor de negro no me da buena espina, trabajo, he vuelto a olvidar los informes, tengo que llamar sin falta a Irene, vale es verdad aquí abajo no hay cobertura. Subo en el mismo metro, en el mismo vagón de todos los días. Te busco, te encuentro, menos mal que tú también eres el mismo chico de rallas de todos los días, el mismo que me devuelve las sonrisas, el mismo que juega con mis miradas. El Mp4 empieza a aburrirme, tengo que acordarme de preguntarle a Irene si ha descubierto algún cantautor de éstos que nos gustan tanto a las dos. De repente las luces se apagan, agarro fuerte el bolso recordando los consejos de mi padre, el vagón se para. Dios lo que me faltaba, parón en el metro, éstos de Madrid tendrán de todo pero no viven, sigo recordando las palabras de mi padre. El señor de negro se pone de pie, empuña un arma. Veo cómo te levantas, pienso que estás loco, ¿qué coño haces cruzando el vagón?, me abrazas, me proteges con tus brazos. Yo me concentro en los latidos de tu corazón, van rápidos, demasiado, pero creo que no superan a los míos. Me pregunto si su rapidez se deben sólo al señor de negro o si el hecho de que puedas sentirme también te encoge el pecho, me pregunto si te ocurre lo mismo que a mí. No recuerdo muy bien cómo actuó la policía, hubiera sido una muerte tan dulce a tu lado que no me preocupé por el final. Lo siguiente que recuerdo es cómo tus labios se acercaban a los míos y me besabas lentamente, con cuidado, protegiéndome pero esta vez con tus suaves labios, besándome con la impaciencia de comprobar que estaba bien.

Un señor de negro… vaya celestinos más raros hay hoy en día.



Feliz día mamá

sábado, 1 de mayo de 2010

- Y tú, ¿por qué te caes tanto?

- Porque luego me levanto