Nos equivocamos; nos fijamos en quién falta, no en quién está. Nos preocupamos por ver quién ha estado y no va a volver a estarlo. No valoramos el que hay gente que queda contigo aunque se duerma de cansancio, que coge el coche y te lleva donde quieras, que te da todo lo que necesitas, que anula planes para pasar más tiempo contigo, incluso gente que llega nueva a tu vida y está dispuesta a quedarse. Nos centramos en los que se han ido, intentando buscar explicaciones, sin aceptar que no podemos obligar a quedarse a quien no quiere hacerlo.
Nos equivocamos, y no nos damos cuenta de que si nos fijamos en quién falta, terminamos faltando nosotros.
