jueves, 12 de mayo de 2011
lunes, 9 de mayo de 2011
Lo que he aprendido en 5 años:
- No estaba preparada para salir de casa. Quizás sería más correcto decir que no estaba preparada para encontrarme a una persona tan mala y falsa estando lejos de casa. La vida a veces pone pruebas jodidas, muy jodidas y caí. Pero me levanté y aprendí que soy más fuerte de lo que creía.
- Necesito a mi familia y amigos más de lo que pensaba. Nunca os lo he dicho pero no sabéis lo que significaba para mí que siempre que volvía a Soria estuvieseis ahí.
- A veces, sólo necesitas que alguien te recuerde quién eres, que te mire de frente y te pregunte qué ha sido de esa chica que se comía el mundo para volver a comértelo.
- No importa la cantidad sino la calidad. Hay que aprender a salir de vidas en las que no merecemos estar y sacar de tu vida a quien no merece estar en ella. No porque alguien declare ser tu amiga a los cuatro vientos tiene que serlo verdad. Es curioso, las amigas que me llevo de Salamanca nunca me lo han llamado, y yo es la primera vez que lo hago.
- Hay gente que merece la pena. ¡Joder qué si la merece! Personas que empezaron siendo compañeras de clase y piso y acaban siendo compañeras de vida.
- El Vodka no me sienta bien.
- Coser heridas, curar cicatrices y recoser cicatrices. He aprendido a vivir con el dolor como algo normal, como algo que ocurre, como algo que está ahí y que hay que superar.
- Quiero ser psicóloga y tras mi paso por las prácticas más aún.
- Estudiar cuando hay que estudiar y salir de fiesta los 10 meses restantes. Cada vez que oiga P´aki P´allá sonreiré por todas las noches de fiesta que hemos reído.
- Si toda su vida tu padre ha llevado bigote y un día se lo quita, ten por seguro que es por algo. Si el motivo te lo dice el día de tu graduación, ten por seguro que vais a llorar.
- Si no cierras puertas, las ventanas no se abren. Aunque duela cerrarlas. Aunque yo ésta, pienso dejarla entreabierta.
- Y bueno, digo yo, que algo de Psicología habré aprendido.
- Necesito a mi familia y amigos más de lo que pensaba. Nunca os lo he dicho pero no sabéis lo que significaba para mí que siempre que volvía a Soria estuvieseis ahí.
- A veces, sólo necesitas que alguien te recuerde quién eres, que te mire de frente y te pregunte qué ha sido de esa chica que se comía el mundo para volver a comértelo.
- No importa la cantidad sino la calidad. Hay que aprender a salir de vidas en las que no merecemos estar y sacar de tu vida a quien no merece estar en ella. No porque alguien declare ser tu amiga a los cuatro vientos tiene que serlo verdad. Es curioso, las amigas que me llevo de Salamanca nunca me lo han llamado, y yo es la primera vez que lo hago.
- Hay gente que merece la pena. ¡Joder qué si la merece! Personas que empezaron siendo compañeras de clase y piso y acaban siendo compañeras de vida.
- El Vodka no me sienta bien.
- Coser heridas, curar cicatrices y recoser cicatrices. He aprendido a vivir con el dolor como algo normal, como algo que ocurre, como algo que está ahí y que hay que superar.
- Quiero ser psicóloga y tras mi paso por las prácticas más aún.
- Estudiar cuando hay que estudiar y salir de fiesta los 10 meses restantes. Cada vez que oiga P´aki P´allá sonreiré por todas las noches de fiesta que hemos reído.
- Si toda su vida tu padre ha llevado bigote y un día se lo quita, ten por seguro que es por algo. Si el motivo te lo dice el día de tu graduación, ten por seguro que vais a llorar.
- Si no cierras puertas, las ventanas no se abren. Aunque duela cerrarlas. Aunque yo ésta, pienso dejarla entreabierta.
- Y bueno, digo yo, que algo de Psicología habré aprendido.
sábado, 7 de mayo de 2011
Hoy me siento a escribir. Llevo desde el sábado con varias ideas en la cabeza para un nuevo texto pero no me sentaba a escribir. No encontraba el momento, no tenía tiempo o estaba muy cansada. Hasta que ha salido la psicóloga que llevo dentro para ver qué pasaba. Y es que del por qué de las conductas no me libro ni yo misma. La realidad es que no me sentaba a escribir porque no quería hacerlo, porque una parte de mí se negaba a escribir el punto y final de una etapa.
Fue una graduación increíble. Tardé tres minutos en dejar caer las primeras lágrimas. Los tres minutos que tardaron mis amigas en subir al escenario para leer su discurso. Y fue en ese justo instante cuando me di cuenta de que me llevo de Salamanca mucho más que una licenciatura. El instante en el que piensas que sin ellas, esta experiencia no habría sido lo mismo. Fue una graduación emocionante. Creo que nunca he estado tan orgullosa de mí misma como en el momento en que subí a recoger la beca (la banda para entendernos). Y creo que nunca he visto tan orgullosos de mí a mis padres como en el instante en el que vieron que pese a las dificultades, su hija se estaba graduando.
Fue una graduación increíble. Tardé tres minutos en dejar caer las primeras lágrimas. Los tres minutos que tardaron mis amigas en subir al escenario para leer su discurso. Y fue en ese justo instante cuando me di cuenta de que me llevo de Salamanca mucho más que una licenciatura. El instante en el que piensas que sin ellas, esta experiencia no habría sido lo mismo. Fue una graduación emocionante. Creo que nunca he estado tan orgullosa de mí misma como en el momento en que subí a recoger la beca (la banda para entendernos). Y creo que nunca he visto tan orgullosos de mí a mis padres como en el instante en el que vieron que pese a las dificultades, su hija se estaba graduando.
jueves, 5 de mayo de 2011
- ¿En tu vida no sobra nadie? No sé, la típica persona que no pinta nada, que no la has elegido pero que forma parte de tu vida indirectamente. Esa persona que si no estuviese, tu vida sería distinta, quizás mejor o quizás peor, pero nunca lo sabrás porque no está en tus manos sino en las de ella. Es el destino de tu vida y no lo decides tú sino que depende de ella. Y lo jodido es que seguramente ni lo sepa. Esa persona que sólo vive su vida y eso es lo peor de todo porque en realidad no ha hecho nada. No puedes odiarla porque no es mala y eso te da más rabia y más ganas de odiarla. No sé, una persona que sobra en tu vida, ¿a ti nunca te ha pasado?
- Me sobra tu novia.
- Me sobra tu novia.
miércoles, 27 de abril de 2011
lunes, 25 de abril de 2011
sábado, 23 de abril de 2011
- Abuela coge el teléfono, ya dejo yo el jarrón en el salón. (El niño se sienta al lado de su abuelo) Abuelo, sigue contándome la historia que empezaste a contar ayer.
- Ah sí, la de ese mozo de mi pueblo. Era tiempo de recoger la cosecha y mi amigo se levantaba muy temprano para ir a ayudar a su padre en la huerta. Era una huerta preciosa, en la que habían plantado de todo: patatas, tomates, cebollas, acelgas, borrajas, pimientos… incluso gladiolos y margaritas. Mi amigo se encargaba de ir llevando a casa todo lo que recogían. Por el camino, siempre se las arreglaba para dejar una margarita en la ventana de “La Morena”, la moza más guapa de toda la comarca. “La Morena” debía su apodo a su melena negra como el carbón, una melena que le adornaba hasta la cintura y que olía siempre a romero. Todos los mozos de la zona le rondaban y en las fiestas se peleaban para ver quién la sacaba a bailar. Pero “La Morena” era mucha Morena y no bailaba con cualquiera. Mi amigo no se atrevía a decirle nada, sólo le dejaba la margarita en la ventana todos los días. Se quedaba embobado siempre que la veía pasar, con esos andares, con ese mover las caderas que quitaba la respiración a todos los mozos que por allí pasaban. Pero una mañana, una mañana, la vida de mi amigo cambiaría para siempre. Tras dejar la flor, oyó una voz que le preguntaba su nombre. Era una voz dulce, lo más dulce que mi amigo había escuchado nunca. Mi amigo no podía creérselo, “La Morena” estaba hablándole a él. Sus ojos le miraban a él. Si la gente viese esos ojazos no tendría más remedio que cambiarle el apodo, pensó. Esa noche, los mozos del pueblo no se pelearon pues mi amigo y “La Morena” bailaron juntos todas las canciones. Y así llevan más de 50 años, bailando juntos.
- Vaya, qué afortunado tu amigo, abuelo.
- ¡Ale chicos, a comer!
- Ya vamos abuela.
- Ya vamos Morena.
- Ah sí, la de ese mozo de mi pueblo. Era tiempo de recoger la cosecha y mi amigo se levantaba muy temprano para ir a ayudar a su padre en la huerta. Era una huerta preciosa, en la que habían plantado de todo: patatas, tomates, cebollas, acelgas, borrajas, pimientos… incluso gladiolos y margaritas. Mi amigo se encargaba de ir llevando a casa todo lo que recogían. Por el camino, siempre se las arreglaba para dejar una margarita en la ventana de “La Morena”, la moza más guapa de toda la comarca. “La Morena” debía su apodo a su melena negra como el carbón, una melena que le adornaba hasta la cintura y que olía siempre a romero. Todos los mozos de la zona le rondaban y en las fiestas se peleaban para ver quién la sacaba a bailar. Pero “La Morena” era mucha Morena y no bailaba con cualquiera. Mi amigo no se atrevía a decirle nada, sólo le dejaba la margarita en la ventana todos los días. Se quedaba embobado siempre que la veía pasar, con esos andares, con ese mover las caderas que quitaba la respiración a todos los mozos que por allí pasaban. Pero una mañana, una mañana, la vida de mi amigo cambiaría para siempre. Tras dejar la flor, oyó una voz que le preguntaba su nombre. Era una voz dulce, lo más dulce que mi amigo había escuchado nunca. Mi amigo no podía creérselo, “La Morena” estaba hablándole a él. Sus ojos le miraban a él. Si la gente viese esos ojazos no tendría más remedio que cambiarle el apodo, pensó. Esa noche, los mozos del pueblo no se pelearon pues mi amigo y “La Morena” bailaron juntos todas las canciones. Y así llevan más de 50 años, bailando juntos.
- Vaya, qué afortunado tu amigo, abuelo.
- ¡Ale chicos, a comer!
- Ya vamos abuela.
- Ya vamos Morena.
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